La adolescencia es un largo periodo de cambio y transformación. Señala la transición del desarrollo entre la infancia y la edad adulta. El comienzo coincide con los cambios fisiológicos que se producen en el cuerpo relacionados con el crecimiento y la preparación de los órganos para la reproducción, sin embargo  los límites  de terminación pueden ser difusos.

Durante esta etapa no sólo se experimentan cambios biológicos, sino también psicológicos y sociales. La joven se enfrenta a una “revolución fisiológica” dentro de sí misma, que amenaza su imagen corporal ( la imagen interna que cada uno tiene de su propio cuerpo) y su propia identidad.

La tarea más importante del adolescente es  la búsqueda de su propia identidad, es decir, se busca la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?, mirando hacia atrás, hacia lo que ha sido su vida y reflexionando sobre las nuevas experiencias adquiridas. Saber quién es uno mismo no es un conocimiento teórico, sino experiencial, esto significa que será el resultante de los logros adquiridos durante este proceso evolutivo.

El cuerpo tiene un gran protagonismo en esta etapa, la imagen corporal está indisolublemente ligada al concepto de identidad. La rapidez con que se viven los cambios corporales , pueden generar sentimientos de preocupación y ansiedad, ¿será normal lo que me está pasando?¿por qué soy tan alta?¿le pasará lo mismo a los demás? .Puede aparecer pérdida de confianza y/o quejas referidas al propio cuerpo como expresión del malestar provocado por no ser como uno quisiera o como le gustaría a uno que los otros le vieran. La forma en cómo se viven y sienten estos cambios físicos ,así como la reacción de las personas que nos rodean ante este nuevo cuerpo tendrán gran influencia en la  adaptación y aceptación del nuevo esquema corporal. Esta nueva apariencia no sólo modifica la relación y la imagen que se tiene de uno mismo, sino también produce cambios en las relaciones con los demás.

Las relaciones con las personas de la misma edad (grupo de pares) se vuelven muy importantes y necesarias en esta etapa, ya que permiten comprender mejor los cambios y vivencias, y ayudan a encontrar su propia identidad en el contexto social. Una de las funciones básicas del grupo es ofrecer un espacio nuevo dónde encontrar ecos de sí mismo en los otros.

Las afinidades y elementos de cohesión del grupo permiten que se tenga la sensación placentera de “estar en la misma” , que es una buena metáfora para expresar que se comparte el mismo código o frecuencia. Un buen ejemplo son las actividades deportivas grupales, que además aportan los beneficios de la actividad física: mejora del estado de ánimo, disminución del riesgo de estrés, efectos beneficiosos sobre la autoestima y mayor bienestar psicológico.

Una mención especial requiere la situación de las adolescentes de talla alta. Para estas jóvenes la sensación de ser rara, distinta, destacar sin quererlo y de no encajar, es frecuente. La participación y pertenencia en actividades grupales deportivas apropiadas podrá transformar esa característica que la joven vive como debilidad en una ventaja, estimulando la sensación de seguridad y satisfacción, y fortaleciendo la relación con los pares.

El grupo facilita el camino hacia la aceptación de los cambios individuales (“no soy la única, hay otras chicas como yo que les pasa y sienten lo mismo”), reforzando la autoconfianza y  el conocimiento de sí misma.

 

Dra. Karin Rosenfeld

Médico psicoterapeuta

karinrosenfeld@hotmail.com